De pronto, la capa y esos artilugios que
adornan la piel de las exigencias de deseos superfluos, se desvanecen; es
Navidad, un espíritu de paz recorre los lugares más recónditos de la ciudad.
En
los desposeídos solitarios apenas se percibe un fulgurante punto en la
oscuridad de la mirada, que como niños inocentes recorren el camino de la fe, pero sin
fe.
Ese espíritu los indulta de las atrocidades a su desesperanzada vida,
comiendo pan duro en la concordia, y no banquete en la discordia.
¡Feliz
Navidad en el camino del destino doblemente Feliz!
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