Semáforo y letrero de ALTO en la misma esquina: ¿a cuál le hago caso?

Rosalino Guillén Cordero | Veracruz, Ver., junio de 2026

Imagine usted que va manejando una mañana cualquiera por alguna avenida del puerto. Llega a un crucero y, al levantar la vista, se encuentra con dos órdenes al mismo tiempo: un semáforo que le marca el siga en verde y, unos metros más allá, clavado en un poste algo oxidado, el viejo letrero de ALTO con la leyenda “1x1”, ese que todos conocemos como “uno por uno”. El semáforo le dice avance. El letrero le dice deténgase. ¿A cuál le hace caso?

Parece una duda menor, casi de manual. Pero le aseguro que no lo es. Es una de las preguntas que con más frecuencia me han planteado vecinos, conductores y hasta compañeros de la propia corporación. Y cuando la respuesta no está clara, el resultado se ve todos los días en nuestras esquinas: frenazos innecesarios, claxonazos, conductores que se quedan congelados sin saber si avanzar y —en el peor de los casos— el roce o el choque que pudo haberse evitado.

Vale la pena, entonces, aclararla de una buena vez. Y la buena noticia es que la regla es mucho más sencilla de lo que parece.

Cuando el semáforo funciona, el semáforo manda

Piénselo así: un semáforo es como un agente de tránsito hecho de luces. No está ahí de adorno; está repartiendo el paso en tiempo real, dándole a cada quien su turno, segundo a segundo. El letrero de ALTO, en cambio, es una instrucción fija, escrita una sola vez y para siempre, que no sabe si en este momento vienen tres autos por la calle de enfrente o ninguno.

Por eso, cuando en una misma esquina conviven los dos, la lógica —y la ley— se inclinan por el que está vivo, por el que se adapta: el semáforo. Mientras esté encendido y funcionando con normalidad (su verde, su ámbar y su rojo), usted le hace caso únicamente al semáforo. El letrero de ALTO, en ese momento, pasa a segundo término. Obedecer la luz es suficiente; nadie puede exigirle, además, que respete un letrero que le ordena lo contrario.

No es un capricho ni una interpretación mía. El Reglamento de Tránsito del municipio de Veracruz establece un orden de prelación entre las señales, los semáforos y los demás dispositivos de control del tránsito.

¿Y entonces para qué sirve el letrero?

Buena pregunta. El letrero no sobra: tiene su momento. Su hora de protagonismo llega justamente cuando el semáforo deja de funcionar.

Todos hemos llegado alguna vez a un crucero con el semáforo apagado, ya sea por una falla eléctrica o por un apagón, o funcionando en modo intermitente. En esos casos, las reglas cambian.

Cuando la luz roja parpadea, equivale a una señal de ALTO: el conductor debe detenerse por completo, observar el entorno y continuar únicamente cuando sea seguro hacerlo.

Si la luz que parpadea es la ámbar, la indicación es de precaución: reduzca la velocidad, manténgase atento al tránsito y cruce con cuidado.

Es precisamente en estas circunstancias —cuando el semáforo está apagado o intermitente— cuando el viejo letrero de “1x1” recupera toda su vigencia. Su propósito es promover un paso alternado y ordenado entre los usuarios de la vía, siempre en armonía con las reglas de preferencia establecidas por la normatividad vigente.

Un mito que conviene desterrar: “yo llegué primero”

Aquí vale la pena hacer una pausa, porque existe una idea equivocada que se repite con frecuencia. Muchas personas creen que, cuando un semáforo no funciona o no existe una señal que otorgue preferencia, tiene derecho de paso quien llegó primero al crucero.

Suena razonable, pero no es lo que establecen las reglas de tránsito.

La norma es otra, y conviene recordarla: en los cruces de vialidades de igual jerarquía, donde no exista una señal que determine la preferencia de paso, se debe ceder el paso al vehículo que se aproxima por la derecha.

No al más rápido. No al más decidido. No al que toca primero el claxon. Al que viene por la derecha.

Es una regla sencilla, fácil de aplicar y diseñada precisamente para evitar esos incómodos “duelos de miradas” en los que dos conductores se observan mutuamente sin saber quién debe avanzar primero.

Cuando el problema no es del conductor, sino de la esquina

Quiero compartirle algo desde la trinchera operativa, porque también es justo decirlo: en muchos casos, la confusión del ciudadano no nace de la imprudencia o el desconocimiento, sino de una señalización que parece contradecirse a sí misma.

No se trata de una discusión teórica. Basta recorrer diversas intersecciones del puerto para encontrar semáforos y señales heredadas de distintas etapas del crecimiento urbano conviviendo en un mismo espacio. Lo que para la autoridad puede parecer un detalle técnico, para el conductor se traduce en una decisión que debe tomar en cuestión de segundos.

Ese letrero de “1x1” que convive con un semáforo moderno suele ser una herencia de otra época. Fue colocado hace años, cuando quizá no existía un sistema semafórico en la intersección, y simplemente permaneció ahí, sobreviviendo en su poste mientras la ciudad y las condiciones de circulación cambiaban a su alrededor.

Conviene señalar, además, que la leyenda “1x1” o “uno por uno” no forma parte del catálogo oficial de señales establecido por la normatividad nacional en materia de dispositivos para el control del tránsito. Se trata de una indicación de uso local que, con la intención de promover la cortesía vial y el respeto mutuo entre conductores, se ha popularizado en diversos municipios, entre ellos Xalapa y Coatepec.

Sin embargo, cuando esta leyenda aparece integrada a una señal de ALTO, la situación cambia. La señal de ALTO sí forma parte de la señalización oficial y su observancia es obligatoria. Su incumplimiento constituye una infracción susceptible de ser sancionada por la autoridad de tránsito competente.

Una ciudad bien señalizada no debería tener un semáforo y una señal de ALTO enviando mensajes distintos en la misma intersección. Cuando eso ocurre, no corresponde al automovilista resolver el acertijo; corresponde a la autoridad revisar, ordenar y armonizar la señalización, eliminando contradicciones y garantizando que cada crucero transmita una sola instrucción, clara, coherente e inequívoca.

En eso estamos trabajando.

Las esquinas también nos educan

Si algo he aprendido en estos años dedicado al tránsito, es que la seguridad vial no se construye únicamente con multas, operativos o reglamentos. Se construye, sobre todo, con claridad: reglas que las personas entiendan, señales que no se contradigan y la certeza de que, cuando alguien actúa correctamente, el sistema lo respalda.

Saber a quién obedecer en un crucero —al semáforo cuando funciona, a la señal de ALTO cuando corresponde y a la regla de la derecha cuando existe duda sobre la preferencia de paso— puede parecer un detalle menor. Pero no lo es. Son esas pequeñas certezas las que, repetidas miles de veces cada día en cientos de esquinas, reducen conflictos, previenen accidentes y hacen más amable la convivencia entre quienes compartimos la vía pública.

Las calles no solo sirven para mover vehículos; también transmiten mensajes. Una esquina bien señalizada enseña orden. Un semáforo coherente genera confianza. Una regla clara fomenta respeto. En cambio, la confusión produce incertidumbre, y la incertidumbre suele convertirse en riesgo.

Por eso vale la pena hablar de estos temas. Porque detrás de cada señal existe una decisión, y detrás de cada decisión hay personas: conductores, motociclistas, ciclistas y peatones que esperan llegar seguros a su destino.

La próxima vez que llegue a una esquina y se encuentre frente a un semáforo y un viejo letrero de ALTO, ya tendrá clara la respuesta. Pero más importante aún: entenderá por qué esa respuesta existe. Porque las reglas de tránsito no están hechas para decidir quién llega primero, sino para que todos lleguemos




1. Fundamento: Reglamento de Tránsito del Municipio de Veracruz (artículos 88, 89, 94, 103 y 106) y 

2. Norma Oficial Mexicana NOM-034-SCT2/SEDATU-2022, sobre señalización y dispositivos viales.

Aviso: Las opiniones aquí expresadas son de carácter personal y profesional del autor y no representan la postura oficial de la institución en la que labora ni la comprometen de modo alguno. 

Este texto tiene fines exclusivamente informativos y de divulgación.

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